octubre 01, 2012

Amada

Detalle de un cuadro de William Adolphe Bouguereau

Me siento amada. Tan amada como para hacer una pataleta y obtener el privilegio del perdón. Reclamo la verdad y no la veo. Saltan sapos, ranas y un llanto malcriado de desesperación. Una brisa, invisible como siempre, ubicua constancia de la maravillosa cotidianidad, siembra sus dedos en una pretenciosa cabellera. Y un vaivén hipnótico, como ola que besa la orilla, me baña, con paciencia, la desazón. Hay un desconcierto exultante en mis rodillas. Me postro. Entonces, me abraza, como torbellino, algo que todavía no puedo mirar a los ojos, pero que veo con cada poro milimetrado de mi ser. Me sobrepasa la piel. Cedazo. Afuera es otro mundo, pero yo me pertenezco en este instante. Me besa los labios el silencio para darme una nueva voz. Y es cristal. De mi boca nace un arcoiris. Y otro, y otro, y todos los demás. Me siento amada, quiero que tú también. Cierra los ojos, te besaré.

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