abril 10, 2012

Hoja

Me siento frente a la hoja en blanco como frente al horizonte; despojada, muda, infinitamente pequeña hasta la transparencia, niña, bebé. Entonces la página me envuelve, y arropa fríos, orines y llantos.

Me inserto en el papel como un punto suspensivo deslizado en un estornudo. Soy, en teoría, la continuación de mí misma. Soy, la contorsionista de todas las formas de conjugarme.

Exhalo, inhalo, y soy un avión de papel que saluda la sonrisa generosa de un niño.

Soy un barco de papel, y el chorrito inquieto de la fuente donde tú administras la eternidad.

Cierro los ojos y soy un recuerdo, una carta, un pedazo de papel amarillento untado de lápiz labial, lágrimas y perfume como la piel del hombre besada por su amante.

Un muchacho ciego me toca, a veces como dulce caricia, a veces como divertida cosquilla. Él me lee toda, se detiene amable en cada signo, me interroga y sonríe en cada pausa, invitándome a ser respuesta. Cuenta quinientas treinta y tres pecas, y una estrella por nacer, me dice que se quedará para el parto, me sostiene la espalda el breve instante de la concepción, emocionado agarra esa pequeñita luz y dice que la va a colocar en un pesebre donde siempre buscará su salvación; la pone justo en mis labios.

Soy una palabra y necesito prójimos para formar una oración. 

Soy hoja, savia, verde, bosque, corteza, lápiz y papel. Soy pan.

Me extiendo al sol en el futuro inmediato, adonde pertenece el horizonte, y dando la vuelta al vasto cosmos regreso obediente al presente en progreso. Y así voy haciendo, amando, siendo… 

3 comentarios:

alkerme dijo...

Precioso. Me gusto esa forma de definir una manera de ser.

Un abrazo,

AnaM.M.N dijo...

Y acabaras llenando la hoja en blanco...

Precioso.Te abrazo fuerte,fuerte.

manuel rubiales dijo...

Saludos recibidos y devueltos, encantado de leerte y recomenzar con este maravilloso texto

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