mayo 08, 2012

Edades


Fotografía de Álvarez Stephen

Mis pies no llegan al suelo, por más que quiera, mis piernas cortas no ayudan. Tengo piernas, pies y corazón de niña. Este cuarto es la mitad de mi mundo. Es azul y verde. Tengo once años y sueños, dormida y despierta. ¿Cuáles serán los verdaderos? Ayer me dolía mucho la barriga; mi mamá me dijo que era el vientre. Después me salió sangre de adentro –como si me hubieran apuñalado–; mi abuela me miró feo, se persignó, nombró a un santo y me pidió que no dijera barbaridades. Dolió. Ayer me desarrollé. Ya tengo quince y senos. Me gusta un muchacho del salón. Me sonrojo como un durazno y mi corazón suena como un tren. Me besó, me besó, y yo como que me morí un poquito; resucité y me volví mariposa. Hoy cumplí veinte. No entiendo muchas cosas y creo que nadie me entiende a mí. Mi cuerpo nunca es como yo quiero, pero mi cabello no está mal. Me gustan las colas de caballo y así ando trotando por la vida. Mi abuela dice que tengo la vida por delante. Será. Ya tengo veintitrés y novio formal. Anoche pasó. Me fue quitando la ropa con cuidado y yo me tapaba, entonces me puso frente al espejo y me dijo: –Te presento a tu hermoso cuerpo que va a ser mío cada vez que me dejes. Prometo amarlo hasta el cansancio, que es nunca–. Después le pregunté de dónde había sacado lo que me dijo y contestó que había tenido mucho tiempo planeándolo en su imaginación; que mientras yo era una rebelde en la resistencia, él era un estratega. Nos reímos mucho, nos amamos más. El viernes cumplí 25 y pocos días antes obtuve mi título de veterinaria. Mis pies todavía no llegan al suelo. ¿Será porque vivo en las nubes? Tengo reglas irregulares, cólicos odiosos, dos gatos, dos perros y una familia singular. Ya soy una treintañera con tres inquietos varones, tres gatos y tres perros, pero un solo esposo. Mi  hijo mayor me encontró en la cocina mirando por la ventana y hablando sola; mi mamá me descubrió cuando yo tenía 5. A mi mamá le costó entender mi explicación; a mi bebé le pareció de lo más natural que le dijera que hablaba con los animales que estaban afuera, con los pájaros, las mariposas, los grillos, las lagartijas, las abejas y los tuqueques. Me dijo: –Ah, sí. Yo hablo con las estrellas–, y se fue a seguir jugando. Ya los muchachos están grandes, pronto seré abuela, doblemente mamá. El día que estuve segura que mi regla no volvería festejé y me compré una lencería fabulosa. Tengo sesenta y cinco años, piernas, pies y corazón de niña.

3 comentarios:

alkerme dijo...

Me rindo, me destapo la cabeza quitándome sombrero y todo lo demás, si fuera necesario.
Me encanta leer cosas como ésta.
Gracias por ser una alegría en esta calurosa mañana.
Abrazos.

Manuel dijo...

Tempus fugit...

Veronika dijo...

Gracias Alkerme, sonrío :), las palabras son generosas, me suenan en dedos y oídos... Yo hago mi mejor intento por dibujarlas.

Bienvenido Manuel!!!

Abrazos varios
Vero

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