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| Fotografía de Álvarez Stephen |
Mis pies no llegan al suelo, por
más que quiera, mis piernas cortas no ayudan. Tengo piernas, pies y corazón de
niña. Este cuarto es la mitad de mi mundo. Es azul y verde. Tengo once años y
sueños, dormida y despierta. ¿Cuáles serán los verdaderos? Ayer me dolía mucho
la barriga; mi mamá me dijo que era el vientre. Después me salió sangre de
adentro –como si me hubieran apuñalado–; mi abuela me miró feo, se persignó,
nombró a un santo y me pidió que no dijera barbaridades. Dolió. Ayer me
desarrollé. Ya tengo quince y senos. Me gusta un muchacho del salón. Me sonrojo
como un durazno y mi corazón suena como un tren. Me besó, me besó, y yo como
que me morí un poquito; resucité y me volví mariposa. Hoy cumplí veinte. No
entiendo muchas cosas y creo que nadie me entiende a mí. Mi cuerpo nunca es
como yo quiero, pero mi cabello no está mal. Me gustan las colas de caballo y
así ando trotando por la vida. Mi abuela dice que tengo la vida por delante.
Será. Ya tengo veintitrés y novio formal. Anoche pasó. Me fue quitando la ropa
con cuidado y yo me tapaba, entonces me puso frente al espejo y me dijo: –Te
presento a tu hermoso cuerpo que va a ser mío cada vez que me dejes. Prometo
amarlo hasta el cansancio, que es nunca–. Después le pregunté de dónde había
sacado lo que me dijo y contestó que había tenido mucho tiempo planeándolo en
su imaginación; que mientras yo era una rebelde en la resistencia, él era un
estratega. Nos reímos mucho, nos amamos más. El viernes cumplí 25 y pocos días
antes obtuve mi título de veterinaria. Mis pies todavía no llegan al suelo.
¿Será porque vivo en las nubes? Tengo reglas irregulares, cólicos odiosos, dos
gatos, dos perros y una familia singular. Ya soy una treintañera con tres
inquietos varones, tres gatos y tres perros, pero un solo esposo. Mi hijo mayor me encontró en la cocina mirando
por la ventana y hablando sola; mi mamá me descubrió cuando yo tenía 5. A mi mamá le costó entender
mi explicación; a mi bebé le pareció de lo más natural que le dijera que
hablaba con los animales que estaban afuera, con los pájaros, las mariposas, los
grillos, las lagartijas, las abejas y los tuqueques. Me dijo: –Ah, sí. Yo hablo
con las estrellas–, y se fue a seguir jugando. Ya los muchachos están grandes,
pronto seré abuela, doblemente mamá. El día que estuve segura que mi regla no
volvería festejé y me compré una lencería fabulosa. Tengo sesenta y cinco años,
piernas, pies y corazón de niña.

3 comentarios:
Me rindo, me destapo la cabeza quitándome sombrero y todo lo demás, si fuera necesario.
Me encanta leer cosas como ésta.
Gracias por ser una alegría en esta calurosa mañana.
Abrazos.
Tempus fugit...
Gracias Alkerme, sonrío :), las palabras son generosas, me suenan en dedos y oídos... Yo hago mi mejor intento por dibujarlas.
Bienvenido Manuel!!!
Abrazos varios
Vero
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