julio 15, 2009

Lluvia

Lluvia - Cristi B.
La lluvia huele a limón, a brote de sonrisas, a pancita de bebé. Se cuela por todos lados una brisa íntima que juega con los sentidos, pule esquinas olvidadas, enciende viejas ilusiones, cosquillea suspiros adormecidos y provoca terribles ganas de apretar con los pies desnudos, las gordas nubes cual racimos generosos de uvas de vendimia.

La lluvia sabe a juvenil nostalgia, a café recién colado, a beso robado, a cuento de hadas, a carcajada imprevista, a sinfonía del cielo, al orgasmo primero.

Esta lluvia que no sale de mis ojos, baja por la nariz y se detiene en los senos, -que se quede un poco, no hay apuro, lo presiento-, si el reloj se detuvo hace rato porque con un relámpago se escapó el tiempo. Agradece el vientre reseco la humedad, las caricias y los besos; convulsas carcajadas coreografían un baile nuevo; más abajo hay colapso, desborde y renacimiento. Los muslos, esmerados anfitriones, planifican horas locas, desvisten viejos pudores, inventan dialectos.

Escucho a cada gota de agua decir su nombre al caer al suelo, escucho los loros que se refugiaban en mi cabeza partir a un sitio más seco, -lo sentimos, dicen-, y yo me alegro. Escucho al sol roncar como trombón sin mucho esfuerzo, los romances en el gallinero, a los empapados niños girar siguiendo los pasos invisibles que marca el cielo, a las hojas de los árboles susurrar las inclemencias del tiempo, a la tarde caer rendida a los pies del sueño, a un grillo barítono, nuevo talento. Escucho a lo lejos la voz queda de un pequeño trueno avisando que no hay más lluvia hasta febrero.

Ay Dios mío! Sálvame! Llévame! No me dejes reseca, sin sueños! Yo me inmolo gustosa porque se que cuando caiga la próxima lluvia, Tláloc, néctar de la Tierra, renaceré, sin más remedio.

julio 09, 2009

Tiempo

Columna estriada - Jacques Lamy
El tiempo no se detiene a jugar conmigo a las migajas. Raudo pasa, silbando urgencias, horadando imprecisiones, esquivando semáforos trasnochados, aniquilando huérfanas dimensiones. Me deja una impresión hipnótica, una imposibilidad latente, una inutilidad cautiva, una sensación ambigua de permanencia y fracaso.

Un malestar general florece de pies a cabeza, y arabescos de incertidumbres me tapizan los hemisferios disléxicos de un recargado barroco rezagado.

Una mueca impotente estalla en el rostro, rebanando arrugas, destruyendo vertederos de sufrimiento y obligando a represar angustias.

El tiempo no se detiene en miserias, pasa y se va.

julio 03, 2009

Mediodía

Dancer - Zhaoming Wu
El mediodía converge en mi estómago. Las entrañas se dilatan y contraen a ritmo asmático y el día se recalienta, se hunde en un sopor perezoso que evapora cualquier intención sobreviviente. Me agazapo, feto indefenso. Me remonto a embrión para ver nacer mis uñas, para contemplar el silencio sin sonidos dolorosos, para encerrar en la mirada un pedazo de luz-cristal, para que me abrace otra piel hasta que se adhiera una propia. Epidermis; refugio y blanco, ropaje reversible para serenos y aconteceres, paradoja de la fragilidad y el valor curtido, pasadizo secreto a profundidades inquietantes y sangre palpitante. Luchas intestinas se fraguan en órganos públicos y privados. Vomito resabios empalagosos de adioses y bienvenidas, restos no digeridos de tiempos remotos e ignotos. Hay un sol en mi estómago queriendo ser corazón.

junio 28, 2009

Combustión

Monte Fuji, Japón - Katsushika Hokusai
Espesor de sarcófago, calor de volcán, erupción en la piel atestada de la sal derramada en inviernos y llantos continuados, cuerpo aderezado para el carbón, para el sol burbujeante, para este hervidero profundo donde se ablanda la voluntad con desazón. Una brasa aguda apunta mi sien izquierda, me amenaza; no quiero discutir y dejo que el silencio responda en misión diplomática. Una combustión viene en gesta independentista para una causa en peligro de extinción. Lava derretida, labia detenida y un encierro obstinado en aparecer sin invitación. La descarga irónica de un pulso con hipotensión, que imprime en cámara lenta momentos en blanco y negro, es la mecha que provoca una auténtica ignición, una combustión… espontánea.

junio 24, 2009

Brevedad

Esta brevedad me alcanza para un suspiro chiquitito, un respiro aliviado, un segundo resucitado. Un lacónico presagio vislumbra una pequeña llama debajo de una puerta entreabierta, suficiente para una cobija que arrope el vacío que dejó el miedo cuando escapó cortante a otra oscuridad. Escuetas brisas dibujan ventanas necesarias. Hablo en monosílabos evitando resbalarme en los mayúsculos grises. Reciclo gotas de llanto en las raíces desnudas de un limonero que me promete llevarlo al cielo para que llueva buenaventura. Y me devuelvo, a recorrer con pasos apagados la esquina donde duerme esta breve paz.
Imagen: Lotus Stem - Alan Buckle

junio 21, 2009

Cosas Cotidianas - El Ataque de las Hormonas Ninjas

Para mi amiga, la chica superpoderosa BOM-BOM, que me recordó que la vida está hecha de cosas cotidianas y que balancee tanta pseudo-filosofíia. Me dejó mensajes en cualquier medio disponible y me dijo que había tenido que remontarse a mis primeros post para terminar riéndose un montón con el cuento de la Sra. Amparito que cambió para siempre mi mojigata VIDA INTERIOR… Gracias Señora Amparito.

Yo nací un jueves en la maravillosa noche de un día de Octubre por allá en los 70 (lo de la edad todavía no lo supero), “asegún” los entendidos bajo el signo de Libra, así que para equilibrar la balanza heredada por el cosmos me dieron un montón de hormonas extra y unas de menos para así tener que pasarme la vida cual equilibrista improvisado del circo de mi vida.

El Clan de la Chinas (cuento aparte se merece el nombre) se había dado cita en la capital de la república; estos encuentros casi siempre se tratan de un 911 nostálgico (nos sale mucho más barato que sesiones infructuosas de psicoanálisis); alguna grita un “vamos a vernos” desesperado, se busca un día feriado, para las que trabajan como debe ser (todas, excepto yo, que vivo de la Providencia, desde que vi la luz al final del Túnel y me dije: tanto trabajar pa’ venirme a morir por pendeja, y reculé como cangrejo cegato), y acudimos las exiliadas porque “la vida es ahora”. Llegamos en avión, en autobús, en cola… con un plan desorganizado, las pilas desgastadas y poco presupuesto.

Había llegado con bastante anticipación para una entrevista que resultó equivocada, pero no me molesté porque me dio la excusa perfecta para ir y abusar de la hospitalidad de mi amiga Emperatriz Sabrina (pseudónimo inventado por mí en momento de ocio abundante). Había aprovechado para tomar muchos cafés, sola o acompañada, ver películas, leer libros, ver a algunos queridos amigos, hablar de temas espirituales, esotéricos y exotéricos, que deriva siempre en lo sexual por supuesto; tantra, mantras, sacerdotisas, brujas, santas, gurús, maestros, iluminados, locos; oriente y occidente, reencarnación y resurrección, etc…

Un día antes del encuentro había quedado en almorzar con un amigo en un reconocido centro comercial. Me arreglo el cabello, escojo el atuendo, hay un sol maravilloso, escucho musiquita todo el tiempo y salgo con mi mejor intención de tener unas horas felices de conversación, me enchufo unos audífonos con una canción sabrosa, la Vida es un Carnaval de Celia Cruz y nada… soy la protagonista de la película pues… cien por ciento actitud… voy brincandito al estilo de Heidi por las calles de Caracas, “abuelito dime tu, que sonidos son los que oigo yo”, para mí el tráfico inclemente de la ciudad era una sinfonía de ángeles que acompañaban a los pajaritos de Disney que me revoloteaban alrededor de la cabeza. Gracias a Dios no me puse tacones, porque el efecto no hubiera sido el mismo, con esos zapaticos casuales marroncitos pude hacer el “brincaito” casi igual que Heidi, y pasar las calles con una energía y rapidez muy, pero muy extrañas a mi cuidadosa meticulosidad para esos riesgos extremos. Y me decía, “la vida es bella”, Amalia Rosa (sobrenombre sacado de una canción del folclore autóctono nacional vernáculo de este país) tiene razón, yo soy feliz y no me he dado cuenta…. Tan bella mi amiga…

Llegué a buena hora para un cafecito previo al almuerzo en la panadería de siempre en la mesa de casi siempre. Mi amigo llegó puntual y me alegró un montón su presencia y compañía… y yo, que soy tímida para hablar con extraños, con los amigos hablo como guacharaca hiperkinética, le hablé del Kybalion, de la metafísica y astrofísica, Egipto siempre sale a relucir, software, desarrollo endógeno, y no sé que más, teníamos mucho que no nos veíamos… y me comí mientras tanto una bandejota de mariscos deliciosos. Mi amigo tenía que regresar a trabajar, como lo hace la mayoría de la gente sensata y razonable, así que nos despedimos, como 3 veces y yo decidí quedarme un rato a revisar alguna librería… ya a estas alturas había sentido un “bajón”, lo consideré normal, en vista a la fecha del mes… Revisé varios libros y me senté a leer uno en particular que me gustaría tenerlo (noten la entrelínea :-P), Hierba Mora de Teresa Moure… no me acuerdo qué decía exactamente, pero el tono de la lectura, más el tono de mis hormonas formó una cosa horrorosa en mi cuerpo que ni 3 tabletas enteras de chocolate amargo El Rey (otra entrelínea más propaganda gratis) con una jarra de café podrían quitar… y dije, me siento rara, mejor me voy…


El regreso… el regreso fue… un ataque despiadado de hormonas Ninja en todo mi pequeño y maltratado cuerpecito. El sol ya no estaba maravillosamente resplandeciente, me quemaba, los carros no tocaban sus cornetas armoniosamente, tenían una bullaranga espantosa, era una cosa personal contra mí, “los zapaticos me aprietan, las medias me dan calor”, y la bendita faja que se me ocurrió ponerme para disimular esos cauchitos incómodos que no salen sino con liposucción me estaba cocinando lentamente en vapor. El secado (planchado chino) de mi cabello se estaba “enchurruscando” con el sudor, gracias a Dios el rímel era a prueba de agua, porque mis aceites naturales estaban supurando una depresión en toda mi cara y era la modelo para un video del Payaso de Javier Solíz. Después del metro, me tocaba metrobús, ya la cara y la música habían variado, la cara era un cuadro tipo el grito de Munch y la música era un tango o bolero ranchero corta-venas, el glamour ya no importaba, me agarré el cabello con una pinza tipo doña menopáusica, y el mantra era: por qué me tuve que poner esta faja. Llegué a la parada en que me tocaba bajar y empecé otro mantra: Arcángel Miguel protégeme de los motorizados bandidos, protégeme, protégeme, protégeme… la cartera agarrada, casi clavada en no digo costillas, en un costado, las uñas encajadas en la mano y el mantra repetido…. Llegué sana y salva de los motorizados, pero no de las hormonas. Estaba tan aturdida que le estaba dando al botón de PARE del ascensor y yo decía por qué será que esta broma no sube, ¿estará malo?, la dañada era mi salud mental y física. Y así subí como tres pisos a pie hasta intenté de nuevo, me di cuenta de la brutalidad, y pude evitarme los sopotocientos pisos a pie hasta el PH.

Llegué al apartamento, saludé al amigo y compañero de tertulias y subí al cuarto de mi amiga, me tiré boca abajo en la cama, con los signos vitales apenitas… suena el teléfono… un mensaje de otra latitud, dimensión, época… llanto suelto… llanto, llanto, llantén… llovió duro… y diferente, epa!!! esto no normal!!!…hormonas malucas… bajé por café y chocolate que gracias a Dios había comprado… por lo menos calmó el llanto… si me ponen a escoger… prefiero el cólico…

junio 17, 2009

Intemperie

En Soledad II - Heleen Vriesendorp
¿A dónde llegaré con este sobrepeso? Arrastro los pies enchumbados de mareas rojas y la cabeza seca de visiones. Me chupo la lástima como un perro sus llagas. Asumo el abandono de trofeo hasta que lo reclame mi sucesor. Me burlo irónica cuando el espejo me grita mi verdadero retrato y me recuerdo, toda, completa.

Vuelvo a armar lentamente este rompecabezas. Miro de frente una calle ciega e insisto. Espero sentada, mareas y diluvios; anclada a lo que soy, rogando que sucumban los estorbos. Que nada me mueva, no. Que nadie me salve, no. Cuál miedo que yo no conozca; arma traicionera, apuesta riesgosa.

Voy mudando apegos como pedazos de piel después de intensas resolanas. Qué más soledad que esta desnudez invisible, ingrávida. Habrá mejor vestido para naturaleza tan irregular.

Y así, a la intemperie, hoy no doy crédito a las dudas. Una brisa piadosa descorre el velo de nubes que deja entrever los tobillos al cielo que queda todavía.