Para mi amiga, la chica superpoderosa BOM-BOM, que me recordó que la vida está hecha de cosas cotidianas y que balancee tanta pseudo-filosofíia. Me dejó mensajes en cualquier medio disponible y me dijo que había tenido que remontarse a mis primeros post para terminar riéndose un montón con el cuento de la Sra. Amparito que cambió para siempre mi mojigata VIDA INTERIOR… Gracias Señora Amparito.
Yo nací un jueves en la maravillosa noche de un día de Octubre por allá en los 70 (lo de la edad todavía no lo supero), “asegún” los entendidos bajo el signo de Libra, así que para equilibrar la balanza heredada por el cosmos me dieron un montón de hormonas extra y unas de menos para así tener que pasarme la vida cual equilibrista improvisado del circo de mi vida.
El Clan de la Chinas (cuento aparte se merece el nombre) se había dado cita en la capital de la república; estos encuentros casi siempre se tratan de un 911 nostálgico (nos sale mucho más barato que sesiones infructuosas de psicoanálisis); alguna grita un “vamos a vernos” desesperado, se busca un día feriado, para las que trabajan como debe ser (todas, excepto yo, que vivo de la Providencia, desde que vi la luz al final del Túnel y me dije: tanto trabajar pa’ venirme a morir por pendeja, y reculé como cangrejo cegato), y acudimos las exiliadas porque “la vida es ahora”. Llegamos en avión, en autobús, en cola… con un plan desorganizado, las pilas desgastadas y poco presupuesto.
Había llegado con bastante anticipación para una entrevista que resultó equivocada, pero no me molesté porque me dio la excusa perfecta para ir y abusar de la hospitalidad de mi amiga Emperatriz Sabrina (pseudónimo inventado por mí en momento de ocio abundante). Había aprovechado para tomar muchos cafés, sola o acompañada, ver películas, leer libros, ver a algunos queridos amigos, hablar de temas espirituales, esotéricos y exotéricos, que deriva siempre en lo sexual por supuesto; tantra, mantras, sacerdotisas, brujas, santas, gurús, maestros, iluminados, locos; oriente y occidente, reencarnación y resurrección, etc…

Un día antes del encuentro había quedado en almorzar con un amigo en un reconocido centro comercial. Me arreglo el cabello, escojo el atuendo, hay un sol maravilloso, escucho musiquita todo el tiempo y salgo con mi mejor intención de tener unas horas felices de conversación, me enchufo unos audífonos con una canción sabrosa, la Vida es un Carnaval de Celia Cruz y nada… soy la protagonista de la película pues… cien por ciento actitud… voy brincandito al estilo de Heidi por las calles de Caracas, “abuelito dime tu, que sonidos son los que oigo yo”, para mí el tráfico inclemente de la ciudad era una sinfonía de ángeles que acompañaban a los pajaritos de Disney que me revoloteaban alrededor de la cabeza. Gracias a Dios no me puse tacones, porque el efecto no hubiera sido el mismo, con esos zapaticos casuales marroncitos pude hacer el “brincaito” casi igual que Heidi, y pasar las calles con una energía y rapidez muy, pero muy extrañas a mi cuidadosa meticulosidad para esos riesgos extremos. Y me decía, “la vida es bella”, Amalia Rosa (sobrenombre sacado de una canción del folclore autóctono nacional vernáculo de este país) tiene razón, yo soy feliz y no me he dado cuenta…. Tan bella mi amiga…
Llegué a buena hora para un cafecito previo al almuerzo en la panadería de siempre en la mesa de casi siempre. Mi amigo llegó puntual y me alegró un montón su presencia y compañía… y yo, que soy tímida para hablar con extraños, con los amigos hablo como guacharaca hiperkinética, le hablé del Kybalion, de la metafísica y astrofísica, Egipto siempre sale a relucir, software, desarrollo endógeno, y no sé que más, teníamos mucho que no nos veíamos… y me comí mientras tanto una bandejota de mariscos deliciosos. Mi amigo tenía que regresar a trabajar, como lo hace la mayoría de la gente sensata y razonable, así que nos despedimos, como 3 veces y yo decidí quedarme un rato a revisar alguna librería… ya a estas alturas había sentido un “bajón”, lo consideré normal, en vista a la fecha del mes… Revisé varios libros y me senté a leer uno en particular que me gustaría tenerlo (noten la entrelínea :-P), Hierba Mora de Teresa Moure… no me acuerdo qué decía exactamente, pero el tono de la lectura, más el tono de mis hormonas formó una cosa horrorosa en mi cuerpo que ni 3 tabletas enteras de chocolate amargo El Rey (otra entrelínea más propaganda gratis) con una jarra de café podrían quitar… y dije, me siento rara, mejor me voy…

El regreso… el regreso fue… un ataque despiadado de hormonas Ninja en todo mi pequeño y maltratado cuerpecito. El sol ya no estaba maravillosamente resplandeciente, me quemaba, los carros no tocaban sus cornetas armoniosamente, tenían una bullaranga espantosa, era una cosa personal contra mí, “los zapaticos me aprietan, las medias me dan calor”, y la bendita faja que se me ocurrió ponerme para disimular esos cauchitos incómodos que no salen sino con liposucción me estaba cocinando lentamente en vapor. El secado (planchado chino) de mi cabello se estaba “enchurruscando” con el sudor, gracias a Dios el rímel era a prueba de agua, porque mis aceites naturales estaban supurando una depresión en toda mi cara y era la modelo para un video del Payaso de Javier Solíz.

Después del metro, me tocaba metrobús, ya la cara y la música habían variado, la cara era un cuadro tipo el grito de Munch y la música era un tango o bolero ranchero corta-venas, el glamour ya no importaba, me agarré el cabello con una pinza tipo doña menopáusica, y el mantra era: por qué me tuve que poner esta faja. Llegué a la parada en que me tocaba bajar y empecé otro mantra: Arcángel Miguel protégeme de los motorizados bandidos, protégeme, protégeme, protégeme… la cartera agarrada, casi clavada en no digo costillas, en un costado, las uñas encajadas en la mano y el mantra repetido…. Llegué sana y salva de los motorizados, pero no de las hormonas. Estaba tan aturdida que le estaba dando al botón de PARE del ascensor y yo decía por qué será que esta broma no sube, ¿estará malo?, la dañada era mi salud mental y física. Y así subí como tres pisos a pie hasta intenté de nuevo, me di cuenta de la brutalidad, y pude evitarme los sopotocientos pisos a pie hasta el PH.
Llegué al apartamento, saludé al amigo y compañero de tertulias y subí al cuarto de mi amiga, me tiré boca abajo en la cama, con los signos vitales apenitas… suena el teléfono… un mensaje de otra latitud, dimensión, época… llanto suelto… llanto, llanto, llantén… llovió duro… y diferente, epa!!! esto no normal!!!…hormonas malucas… bajé por café y chocolate que gracias a Dios había comprado… por lo menos calmó el llanto… si me ponen a escoger… prefiero el cólico…
